Diario de una
madre trabajadora

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Diario de una
madre trabajadora

 En España, en el mejor de los casos, una madre dispone de 16 semanas para disfrutar a tiempo completo de su recién nacido. Y no solo para disfrutar, un nuevo miembro llega a la familia y tanto él, como el resto de habitantes de la casa tienen que hacer un gran esfuerzo para integrarse en la nueva vida familiar. Semanas difíciles y a la vez hermosas que se ven interrumpidas por la vuelta al trabajo de la madre. Esto es lo que siente una madre cada vez que deja a su recién nacido para comenzar una jornada laboral.

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Estimado Señor Presidente:

Mañana, haré lo impensable. Una vez más, dejaré a mi recién nacida. Se me partirá el corazón, a pesar de todo lo que había orado por no tener que volver a sufrir este mismo dolor por cuarta vez.

Se me dice que sea fuerte, se me recuerda que debería agradecer que tengo un trabajo. Se me repite que tengo un trabajo sencillo -soy profesora- y el mejor horario que una madre trabajadora podría tener.

Sí, me he vuelto más fuerte. Sí, estoy agradecida de tener un trabajo. Sí, tengo un maravilloso horario considerando que soy madre y que trabajo.

Pero aquí estoy, preparándome para dejar a mi bebé recién nacido.

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Mañana correré por la casa asegurándome de hacer lo máximo que pueda por mis hijos antes de irme al trabajo. Y más allá del hecho de que soy sólo una de las cientos de miles de madres que trabajan y que hacen lo que tengan que hacer por su familia, se me parte el corazón al sabor que ellas también sufren por sus bebés.

No me asusta trabajar duro. Podrías llamarme una madre emprendedora, considerando mis negocios en fotografía, fitness, mi carrera como escritora y mi trabajo de tiempo completo de profesora. No, señor presidente, no le tengo miedo al trabajo duro y tampoco me doy palmadas en la espalda por hacerlo. ¿Me convierte esto en una esposa ejemplar y una buena madre? ¿Me hace ser una buena ciudadana y pagadora de impuestos? ¿Hace esto que pertenezca a una categoría elite por sobre los otros?

No. En lo absoluto.

Simplemente me convierte en una persona decente. Demuestra que haré lo que sea para asegurarme que mi familia tenga todo lo que necesite. Me siento bendecida de ser capaz de contribuir para mantener a nuestra familia a flote.

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Mañana, me secaré las lágrimas. No podré besar las partes que mi bebé se golpee sin querer durante el día. No podré acostarlos para su siesta. No podré alimentar a mi recién nacida cuando llore y me espere.

Una vez más, haré como que a mami no le duele o no es un caos de emociones por dentro e intentaré ser valiente. Todo por mis hijos. Pero conociéndome, no importa lo valiente que intente ser, sé que habrá lágrimas en mi cara. Los niños verán el dolor en mis ojos. A pesar de mis mejores esfuerzos y mi preparación total, mañana será terrible.

Mañana en la mañana saldré por la puerta de mi casa sólo para darme vuelta y ver caritas llenas de lágrimas por la ventana y escuchar a la bebé llorando. 

¿Sabe, señor Presidente? La bebé ahora está empezando a levantar su cabeza. Sonríe todo el tiempo, especialmente cuando oye mi voz o cuando me ve. Sus ojos están empezando a enfocar cosas. Aunque sólo tiene un par de meses, cuando nació sus ojos se conectaron con los míos y nos conocimos.

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Fue en ese momento en el que supo que soy quien estará ahí cuando se despierte de noche. Soy la que se apura para llegar a su lado con cada sonido de desconecto que hace. Soy el pecho en el que inmediatamente se calma y el cuello en el que se acurruca con su pequeña y perfecta cabecita. Si, ahora sabe quién es su mami.

Y mañana tendré que dejarla otra vez. Indefensa. Muy poco tiempo después de haber llegado al mundo.

Mañana me perderé esa experiencia de conexión que significa amamantar a mi bebé. Me perderé el consolarla cuando llore, besarla y abrazarla. O acostarla para dormir.

 

Como madre, y hablando por cientos de miles de esforzadas trabajadoras, por favor proteja este tiempo vital que tienen las madres son sus recién nacidos. Proteja y respete este período de gracia que tiene tanta importancia en tantos aspectos que ni siquiera puedo contarlos.

Mañana, haré lo impensable. De alguna forma, me uniré a los miles de otras mujeres que tienen que dejar a sus recién nacidos, e intentaremos, juntas, ser las gladiadoras que somos.

Pero señor presidente, ¿No sería hermoso si no tuviésemos que ser gladiadoras -o al menos no todavía?

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